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miércoles

18-05-2011 NOS CUBRIMOS DE ....MIERDA

Hacemos una salida en falso hasta el Cabo Esperone, la punta sur de San Antiocco, donde nos encontramos que hay ciertos vientos que se han ganado el tener nombre propio. En este caso se trata del SIROCCO, que ha comenzado a soplar con ganas, llegando a los 30 nudos, con lo que siguiendo las enseñanzas de un viejo amigo, asumo que lo de ceñir no es de caballeros y que una retirada a tiempo es una victoria y nos volvemos a Carloforte.

Y es que cuando se leen la mayoría de los blogs de gente que como nosotros hace de vivir en el barco su vida, lo narran todo como si fuera una sucesión de situaciones idílicas, miradas tiernas y sonidos de campanillas.

O yo soy muy raro o tengo muy mala suerte o los demás no cuentan toda la verdad. Mas bien creo que es esto último pues aún no tienen claro el asunto a pesar de todo y tienen que auto-motivarse. O están completamente "colgaos".

Porque cualquiera que tenga o halla tenido un barco, sabe que parte del juego es atender a un sinfín de pequeñas-grandes averías constantemente. Cuanto más uso hagas de la embarcación más deterioro y posibilidades de que algo falle. Así que entre mariposa y mariposa -que nadie se equivoque, que las hay- aparece la mosca cojonera.
Así que lo que se presentaba como un día de relax, se transforma en una de las guarradas más grandes que hay que afrontar en un barco. La obstrucción de una tubería de desagüe.
En nuestro caso se ha obstruido la salida del tanque de aguas fecales. Sí, el tanque de la mierda.
Un  "hermoso" artilugio que contiene las cacas de días y días, hasta encontrar aguas libres, donde se vacía...si se vacía. Ya que explicamos su construcción en la página de bricolage de este blog

Así que tenemos unos setenta kilos de "esa cosa" almacenados y llenando el depósito. Naturalmente en los puertos casi nunca hay maquina de extracción de "lodos".

Soltar el tubo del pasa cascos, corres el peligro de que se salga todo dentro del barco y no quiero ni pensarlo.

Afortunadamente podemos abrir el registro y con una percha metálica convenientemente modificada, puedo hacer que comience a salir poco a poco.

Por fortuna el día está gris y no hay vecinos en los barcos de al lado. En uno de los empujes sale un trozo de papel de esos nuevos tan cómodos pre-jabonados y con aloe vera, pero que no se disuelven entonces un tenebroso "glut-glob-glub" vacía el tanque.

Ahora viene la limpieza. Para ello me construyo una armadura a base de guante de goma y bolsa de la basura selladas con cinta americana y con la ayuda de una escobilla de WC. y metiendo el brazo hasta el hombro.

Estropajos, espátulas, remojo en legía y golpeteo del tubo ya vacío para desprenderle la cascarria y queda casi como si acabáramos de estrenarlo ¿Cuanto durará? ¿Otras 18.000 millas?

Pues sí, estas son las cosas que pasan en los barcos, y al que no le haya pasado algo parecido, que tire la primera piedra, pero por favor, no dentro del W.C.

lunes

16 y 17-05-2011 De Pollensa a Carloforte (Cerdeña)



Por fin el Lunes 16 se abre la ventana y salimos al mar a las claras del día, cosa que sucede en esta fecha mas o menos a las siete de la mañana hora local.

Lola se vuelve a la cama y yo conecto el radar y mando la señal del AIS al ordenador para controlar el barco desde la mesa de cartas y trabajar un poco mi proyecto en el Autocad.

Naturalmente salgo cada 15 minutos a dar un vistazo, pues el Ais, que hemos intentado, mas no conseguido, sustituir a pesar de los esfuerzos de nuestro amigo Manel, sigue averiado y emite señal cuando le dá la gana ( en el localizatodo dejó una marca al principio de esta etápa).

Hacia las 9 comienza un poco de viento que nos permite ir a 7,5 nudos a 1000 r.p.m del motor que apenas se escucha. Andando solo a vela hacemos 3.8 nudos, demasiado poco para una travesía que entre Pollensa y Cagliari, tiene un recorrido de casi 300 millas y que hay que terminar máximo 48 horas para no tener lio con el "siroco", viento del este al llegar.

Aprovechamos el paso por las cercanías de Mahon, donde termina nuestra cobertura de Internet  para cargar el último UsGrib. que nos confirma los vientos del Este en 30 Horas, tolerable digamos 36 horas.

Alternamos y soy yo el que se mete en la cama, utilizando la "táctica del camello" o el duerme mientras puedas.

Sobre las dos de la tarde y despues de haber recogido las velas por falta de viento, vuelve a saltar y al sacar la mayor enrollable, se engancha y se arma el lío. La vela no quiere salir pues se ha doblado dentro de la carlinga del palo y enganchado a la altura de la segunda cruceta con media vela fuera. Afortunadamente en el tira y afloja vencemos nosostros y seguimos viaje ahora en un descuartelar muy vivo a casi siete nudos.

Ponemos las cañas de curricán y seguimos ganando este. Hacia las 7 y media de la tarde se engancha un atún, debe tener como 20 kilos de peso. Es un atún rojo, una cria aún. La hemos laceado por el rabo
y decidido soltarla. A los que piensen que "menuda tontería" solo puedo decirles que a estas alturas de mi vida lo único que me interesa es mi propia coherencia interior. Y que estos gestos, que quiero transformar en hábitos quizás no impidan la desaparición de atún de nuestro mar. El acuerdo se toma en el barco por unanimidad. Lo soltamos con mucha facilidad pues esta anzuelado muy limpiamente en la parte inferior de la boca y como si supiera nuestras intenciones, se deja hacer.

La madre naturaleza nos premia casi de inmediato con un bonito listado de unos tres kilos, que, ese sí, va derecho al despiece y a la nevera.

Cede el viento y cae la noche y comenzamos los turnos de "dos horas rígidas" haciendo guardias. Lola las hace en la bañera leyendo un E-Book y a mi cuando me toca desde la mesa de cartas.

En toda la travesía utilizamos arneses y llevamos nuestras balizas personales atadas a la cintura.

La noche está clara gracias a una luna casi llena que se mantiene en lo alto toda la noche. Solo cruzamos dos cargueros a menos de una milla y con la seguridad que da el AIS de que no llevamos rumbo de colisión.

Amanece y dejo descansar a Lola su guardia de la mañana. Después de todo el invierno levantándose a la seis de la mañana para ponerse en carretera por su trabajo, se ha ganado dormir ahora un poco mas

Alcanzamos a un velero que nos llama por el canal 16 y nos cambiamos información. Afortunadamente no es ingles ni norteamericano, por lo que nos entendemos perfectamente hablando en esa lengua que los ingleses no saben hablar de forma inteligible, ni los norteamericanos de forma audible. Los dos estamos preocupados por la entrada de vientos del Este.

A casi diez millas de la costa se posa un pájaro en nuestro barco. Es un pequeño gorrión que seguramente ha traído el viento y para el que vamos a ser su tabla de salvación. Se refugia en el hueco que deja la Auxiliar y se queda medio dormido de agotamiento. Al rato comienza a dar vueltas por la cubierta del barco y emprende el vuelo pero no lo debe de ver muy claro y vuelve hasta nosotros y su confortable refugio, que esta vez descubre a la primera pasada. Se marchará al acercarnos al puerto y me deja recordando la letra de Serrat

El día transcurre sin contratiempos dentro de la rutina de estos viajes hasta que ya pasado el mediodía hay que hacer planes de recalada. Las opciones son Carloforte a las siete de la tarde, y salirnos de la ruta. El fondeo de Mafaltano que conocemos a las 9:30 de la noche o Cágliari a las dos de la madrugada.

Apostamos por Carloforte (nos equivocaremos, como contaré mas tarde) y a las siete de la tarde estamos amarrados en el "pontile" de Marina Sigfredi con conexión de wifi incluida.