lunes

14 y 15 julio de 2014.- BAJADA AL INFIERNO (primera parte)

      Dedicado a Alfredo y Senda del Matira.

      Esta es una entrada en la que voy a aportar pocas imágenes, pues aunque he buscado por Internet algo para ilustrarlo, no he dado con nada que pueda describir lo vivido, así que he de recurrir a la palabra.


      Nos hemos dirigido al sur, hacia el continente, a una cala recomendada por Fernando del Ralip V a ver si entre tanto calman un poco los vientos en el Peloponeso, que nos tienen un poco paralizados en el Jónico Central. Se trata de una cala en la que según la referencia encontraremos erizos, almejas y alguna ostra. Toda una tentación, aunque es una zona que ya hemos visitado y nonos gusta demasiado pues está llena de piscifactorías que en nuestra opinión huelen mal y enturbian el agua, con el agravante de que están en las mejores ensenadas destrozando su uso para otros fines.

      La cala en si es bastante protegida y el fondo es una capa de fango en toda su extensión. Decido fondearme y cogerme a tierra por la popa. Largo cadena, unos sesenta metros y...

      Por segunda vez en mi vida me salta el grillete de conexión que vende "Acastañage disfunción" entre tramos de cadena y el barco queda suelto de proa, dirigiéndose rápido a las piedras de popa. No me queda otra que cortar los cabos de amarre a tierra y poner el motor hasta que puedo engalgar un ancla "delta" que llevo de respeto al tramo de cadena que ha quedado en el barco. En el agua han quedado mi Rodna y cincuenta metros de cadena de acero inoxidable.

      Llevo botellas de buceo y equipo, que me pongo y con un cabo de 5 mm del que llevo 200 metros y que Lola sujeta en la proa me sumerjo, avanzando por la cadena hasta llegar al ancla nueva, muy decepcionado por lo que voy encontrando. Los últimos veinte metros están hundidos en el fango y solo al tacto y hundiendo las manos en el cieno puedo seguirla. El ancla está prácticamente desaparecida de enterrada que está.


      A partir de este punto empiezo a hacer arcos cada cinco metros que Lola me va soltando a mis señales (dos tirones del cabo). Nado a mas o menos un metro del fondo para no enturbiar mas el agua y por si queda alguna señal de una linea que indique donde puede estar debajo la cadena.Me muevo mal, muy mal, pues con las prisas no he ajustado bien la botella y el chaleco me gira sobre la espalda, se ha escapado el latiguillo que infla el chaleco y voy poco lastrado. Un suplicio.

      Casi cuando he perdido la esperanza de encontrarla. veo que el tramo donde ha partido ha caído amontonándose uno encima de otro y sobresalen del fondo cuatro o cinco eslabones. Puedo atar el cabo guía a la cadena y salir a la superficie y ver a un gabacho"voluntario" que desde una auxiliar de juguete trata de izar la cadena, con el peligro de romper el cabo guía, le pido que me ayude a mi, que voy un poco asfixiado y deje la cadena en paz. Intentando acercarse me golpea tres o cuatro veces con la auxiliar, con lo que me dirijo al barco nadando en superficie.

      Amarro un cabo de 10 mm a la cadena caída y con el cabrestante del molinete recupero el extremo que uno con un nuevo eslabón al tramo anterior, saco ambas anclas y vuelvo a fondear, amarrado a tierra con los cabos que he cortado unidos por nudos a los tramos que han quedado en el barco.

      Afortunadamente había muy poco viento, no nos hemos ido contra las piedras y puedo pasar el resto del día durmiendo, pues me he agotado mas de lo que esperaba. Mis casi setenta años ya no dan para tanto.

      A la mañana siguiente, suelto los cabos de popa y Lola se va a la proa y levanta el ancla y nada mas terminar esta habitual maniobra...

      El barco escora casi quince grados por un golpe de viento y comienza a llover. La ventolera es tan fuerte que tengo que salir de popa de la cala, pues no me deja meter la proa al viento.


      La velocidad del viento sigue subiendo y pasa ya de los 40 nudos, la lluvia se ha transformado en granizo, y la oscuridad que nos ha rodeado se transforma en una niebla cerrada que no nos deja ver ni la proa del barco.

      Al abandonar la ensenada las olas empiezan a saltar sobre la cubierta, hacemos solo dos nudos y medio contra el viento y estamos a 12 millas en esa dirección del único refugio que conocemos o a 30 millas si damos la popa al viento, y este sigue subiendo y ha llegado a los 52 nudos

      La mejor opción es volver a la Cala de donde venimos que tiene un buen agarre y está protegida, pero no sé donde está. Tan solo puedo seguir la traza de la derrota que hemos seguido al salir.


      Casi no puedo hablar, estoy muy preocupado y el frío, vestido con bañador y camiseta se me ha metido por todos los poros del cuerpo y tiemblo como un flan. Lola me da un chándal de invierno y pronto queda empapado. Lola me hace un te que me tomo casi hirviendo y llegamos a la cala donde calma el mar , el viento baja a 25 nudos y empezamos a ver las piedras de la costa (unos 50 metros). Fondeo con 45 metros de cadena, ya que jamás me volveré a fiar de uno de esos eslabones partidos y me derrumbo sobre una colchoneta.

      Junto a nosotros, en un barco a motor alemán, bailan, dentro de la cabina, dos parejas una música que no escuchamos.


      Y me acuerdo del Matira, que me contó una experiencia similar de tromba atmosférica y que ha decidido no volver nunca jamás a Grecia y por eso la dedicatoria.

Dia completo.

4 comentarios:

  1. Lo que no te mata te hace más fuerte.

    Otra anécdota más que os permite seguir vivos. Gracias por contarla.

    Buena proa

    ResponderEliminar
  2. Mama!!! De esos dias para perder la afición!
    Ahora, disculpe usted mi intromisión, con la lógica que demuestra usted en todas sus intervenciones, no ha sido capaz de intuir la falta de resistencia de este eslabón? Ademas de que si mal no recuerdo su resistencia maxima ronda los 1000 Kg. Cuando una cadena de 10 mm ronda los 5000!!!
    Tirón de orejas capitán!
    Como siempre un placer leer sus relatos. No deje de hacerlo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Nunca me he visto en una de esas trombas. Gracias por el relato. No es lo mismo que vivirlo, pero vale su peso en oro. Suerte con el resto de las singladuras. Pena no poder estar ahí

    luisglezi

    ResponderEliminar
  4. Madre mia Alberto, qué horror y que valor. Yo sigo admirando esa valentía de ir solos todo ese viaje con las mil historias que seguro pueden surgir.
    Un abrazo

    ResponderEliminar

Nos interesan mucho tus comentarios.

Puedes ponerlos aquí