miércoles

¡¡¡ nos tienen miedo !!!

Os cuento.-
Hace un para de dias, me he dirigido a la Capitanía Marítima de mi zona, para un trámite de tantos, con mis tasas pagadas, la barba correctamente recortada, y tras de ducharme y ponerme un poco de colonia.

Pero al pasar por la puerta una muy amable y benemérita dama, me ha pedido que dejara bajo su custodia las armas agresivas de las que era portador.
Se refería a una diminuta "leederman" que siempre llevo en el bolso para cortarme las uñas, sacarpunta a un lápiz, apretar las tuercas de los retrovisores de la moto y cosas así.

Tiene una hoja de navaja de 38 mm como podeis ver en la foto


No me pareció en principio ni bien ni mal. Ella hace su trabajo y cumple unas normas que interpreta a su manera. Yo colaboro.

Pero una vez comenzado el " despacho del buque" entendí la medida preventiva a que había sido sometido, ya que ante el cúmulo de ordenes, papeles, tasas, paseos y demas zarandajas, mi natural y sosegado caracter del que presumo como nauta, se fué transformando en una ira contenida y unas enormes ganas de hacer prácticas de nudos marineros con los cordones de las botas en torno al cuello del ente que se encontraba al otro lado del mostrador.

Ahora entiendo por que no dejan pasar instrumentos cortantes. Es por nuestro propio bien. Si hubiera tenido el cortauñas a mano seguramente hubiera dado fin a este suplicio rasgando toda la documentación con el serrucho hasta convertirlo en confeti y, arrojandolo al aire, cantar aquello de " soy la reina de los mares..."

No se me ocurriria hacerles sangre. Pobres funcionarios. La sangria es la que ellos le hacen a nuestra economía. No tanto con las tasas como con la perdida de nuestro tiempo.

Así que reconocer conmigo que les tenemos asustados con nuestras reacciones, que pueden conducir a un deterioro estético de la limpieza del local con tanto papelillo.

Propongo que la Asociación de los NAvegantes VREgadores circule un saco de la basura entre los cofrades, para recoger los restos de papel en que la administración convierte nuestros sueños.

Y por cierto. Al final me devolvieron la navaja.