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27 De Abril de 2018 ADIOS.- ROGANDO.- CON EL MAZO DANDO.

Por fin ha llegado el día de la partida. Es el momento de decir adiós a la familia y los amigos. Casi nadie entiende ni comparte nuestra forma de vida. Solamente a lo sumo lo toleran. Y es que si lo que nosotros hacemos es una buena alternativa y lo aceptan, corren el riesgo de estar aceptando que se están perdiendo algo importante.

Y no me refiero al hecho en si de navegar, sino de que prácticamente nuestra vida gire en torno a estos meses venideros.

Son la oportunidad de convivir, hacer cosas juntos, repasar nuestras acciones pasadas y programar las futuras. Además el hacerlo en un entorno tan cerrado como es un barco nos obliga a llevar al límite nuestra convivencia, que de momento sale reforzada cada año.

Y es que desconectar casi al 100 % de nuestra vida familiar y profesionales es un imposible para muchas personas, sumidas en la educación de los hijos, el pago de las hipotecas o la continuidad en el trabajo.

Cajas de medicinas vaciadas
Casi todos los barcos que encontramos son de personas que están jubiladas, es decir de la tercera edad. Todos somos de los que cuando nos saludamos decimos eso de "Bien, salvo que tengas un par de horas para entrar en detalles"

La salud se resiente y de ahí el ruego a Dios, al Karma, a la suerte, que nos abra una ventana de otro año mas.

Pastillas empaquetadas al vacío
Los jóvenes ancianos nos mantenemos - mucho- gracias a los fármacos, y estos son necesarios a diario y en unas proporciones que solo cuando se aprecia cuando se visualizan desde la distancia y es cuando dejan caer la pregunta de si todo ese veneno, no tendrá una contrapartida negativa.

Ver la montaña de medicamentos que se van a ingerir en cuatro meses, no queda minimizada por la forma en que los empaquetemos para el viaje.

Es un "bricobarco" del que no tenía referencias.

Y esto son solo los primeros minutos de la conversación a la que hacíamos referencia.

Los billetes de avión han sido el caballo de batalla. Su precio ha subido radicalmente y algunas de las normas de las compañías hay que tenerlas en cuenta. Ryanair solo deja llevar equipaje de mano, Vueling cobra 79 euros por una maleta de 23 kilos. y además dos personas con la nueva política de reparto de asientos automatizada, solo pueden viajar sentados juntos si hacen un pago en la web al hacer el chek-in on line. En el mostrador de embarque una malcarada funcionaria dice cumplir ordenes al asignarte asientos separadísimos.

A esto he tenido que añadir este año la modificación de un vuelo. Con tres meses de antelación saqué dos billetes  con idas el mismo día y regresos en dias diferentes. Cuando llegaron los comprobantes al correo, observo de casualidad que saliendo a la misma hora y llegando a la misma hora no vamos en el mismo avión ni hacemos igual recorrido. Un vuelo es Málaga, Barcelona Atenas y el otro es Málaga- Copenague-Atenas. y llega a la misma hora, pero un día mas tarde.

Llamo a Atrápalo, nuestra agencia y me cambian el vuelo vía Copenague por el de Via Barcelona, pero como el vuelo "ya no está en oferta" y la "política de empresa" es no devolver casi nada, sumados los "costos de la gestión" he de pagar casi un nuevo billete de ida y vuelta por hacer el cambio.

La primera foto de Grecia 2018
Es lo que hay.

Cuando escribo esto estoy fondeado en una preciosa cala en la isla de Kythnos y todo ha merecido la pena y se minimizan las zancadillas. Pero si hablara de ello necesitaría no un blog, sino un libro entero.