jueves

08-07-2010.- El chasco bucólico de Karaada


Karaada (End Bay) 36º 57.705´N-027º 28.755´E
Bodrüm                  37º 01.966`N-027º 25.466´E
¿Cual es la imagen que todos soñamos para nuestros viajes?

Una cala solitaria, viento en calma, aguas transparentes y turquesas, olor a pinos, una playa de arenas doradas.

Pues todo eso lo encontramos en la Bahia End de la isla de Koraada, enfrente de Bodrüm. en la mañana del dia de hoy.

Ancla en seis metros, línea de cuarenta a una roca. En el CD una selección de música de piano de Variaciones de Bethoven.

Y así hasta que llega otro barco al cabo de dos horas y fondea un poco alejado. Aunque luego llega otro y otro y...Otro y así hasta 12 veleros y/o goletas. Nos hace gracia y sacamos las correspondientes fotos para comparar.

Pero luego, hacia la hora de comer, empiezan a aparecer goletas que han sustituido la jarcia por un par de potentes altavoces de los que sale musica "bacalao" a plena potencia, mientras en cubierta unos 30 monos dan saltos y señalan con el dedo hacia el cielo. Debajo en la cubierta a la sombra, familias enteras de una especie mas tranquila, esperan alrededor de unas mesas a que les sirvan la pitanza.
Ancla almirante a toda máquina y cabo a popa por el rudimentario procedimiento de marinero al agua nadando hasta las piedras.

Por fin paran la música y algunos de los primates, supongo que desconcertados se lanzan al agua en un alarde ante las hembras de la especie, aterrizando sistemáticamente sobre la panza, en lo que parece una parada de apareamiento.

Naturalmente, al contacto de las albaidas con el agua, que está muy fria, emiten un rugido, que en muchas ocasiones, por la entonación deja ciertas dudas de a que género van dirigidas las exibiciones.

Y así una y otra y ...otra. Hasta que la última al intentar meterse entre nosotros y otra lancha, nos engancha el cabo de popa y... decidimos levantar fondeo y marcharnos de esta especie de locura en que se ha transformado la cala.

Llegamos a Bodrum y nos metemos en la marina ( muy cara) y salimos a cenar. Vemos un sitio con mucho estilo y nos metemos a una terraza que da al mar. Cuando nos empiezan a traer la cena, comienza a soplar el viento y transforman el sitio en algo muy desagradable. El pescado prohibitivo de precio, y terminamos pagando 80 euros por unos kebaks y unas ensaladas. Salgo encendido por no haber mirado primero la carta y los precios. De nuevo es una recomendación de la Guia de turno.

En el bazar me doy cuenta  de que intentan abrirme el bolso, primero noto la jugada y luego la maniobra de distracción que preparan (años de vivir en el rastro de Madrid). Mis dedos en los ojos y luego señalandolos, hace que salgan corriendo tropezando con la gente.

Hay comercio de calidad cercano a la marina, pero todo está montado alrededor de la gente que viene a pasar una semana jugando con un barquito. Por cierto que los veleros y las goletas están separados en puertos diferentes. No se mezclan.

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