sábado

03-06-2017 De Mikonos a Naxos


Solo 25 millas nos separan de Naxos, una de las islas de las Cicladas que no conocemos aún. Los vientos portantes del NNW. nos empujan sin mayores problemas y tras de 5 horas, sobre la 1 de la tarde llegamos al puerto de Naxox y dentro de él a la "marina" Naxos una pequeña instalación, donde el muelle que da a la ciudad, esta completo de sitios reservados para los barcos de excursiones.


El muelle transversal por los pesqueros y las lanchas de la policía abarloadas al muelle. Así que solo queda para atracar dos pantalanes donde solo queda sitio para atracar 25/30 barcos y muchos menos si entran los catamaranes.

En estas condiciones, con viento de 20/22 nudos el contramaestre se inventa sitios para tratar de dar cabida al máximo de barcos.


En la foto los tres últimos barcos están fondeados con su cadena y solo el primer velero contra la motora tiene una pasarela por el lateral a tierra. Los otros dos están abarloados a él.

Al fondo de la imagen el catamarán esta abarloado al último barco amarrado al pantalán y a el se abarloa un velero.

En el centro nuestro barco ( con las defensas azules) está con el ancla en el patín de babor del catamaran  y con largo de popa al muelle pero abarloado a un 55 pies italiano por cuya pasarela tenemos acceso a tierra.

Para terminar de complicar la maniobra, al entrar en puerto ¡¡como no!! deja de funcionar toda la electricidad y nos quedamos sin molinete. Nos toca fondear con el freno del cabrestante y pasar por las manos de un electricista, que en menos de quince minutos descubre que la conexión del cable que va de las baterias a la placa general de negativos que lleva el barco está sulfatada y floja.

El susto es mayúsculo. Nevera y congelador a tope y sin funcionar la electricidad.... Nos cobra 70 Euros. Es sábado, ha llegado en media hora a llamada del contramaestre y me ha dado una lección de lógica eléctrica. No me parece caro a pesar de ser mucho dinero.


Pasear por el pueblo de Naxos es un encanto después de estar en Mikonos. unas empinadas calles nos llevan a lo alto de un castillo-fortaleza desde elque se divisa toda la ciudad a los pies.


Se pueden ver las iglesias, la catedral ortodoxa en la ladera y la catedral cristiana en lo alto del castillo. Se han restaurado varios edificios y albergan exposiciones, pequeños museos y algún que otro restaurante.


Y por todos lados el contraste entre las blancas fachadas con sus carpinterías en azúl añil.


Y por todos lados las bugambilias y azaleas llenandolo todo de colorido, de ese colorido tan griego.


El pueblo tiene un tamaño muy asequible un istmo que cierra la parte del puerto destinada a los ferrys nos conduce hasta un inacabado templo al dios Baco.


Solo queda en pié un descomunal pórtico de marmol con el que un grupo de fotografos trata de encuadrar la puesta de sol, que se niega a nosotros oculta por las nubes.

Volvemos al barco preocupados por una fuerte racha de viento y pensando en lo precario de nuestro amarre. Pero todo queda en este falso aviso. La tormenta se ve en la lejanía



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