jueves

17-06-2010 De Mikonos a Ykaria

Salimos del puerto nuevo de Mikonos en dirección Este rodeando la isla por el Norte en dirección a la isla de Ycaria, alejándonos de las Cicladas, que están barridas por vientos del Oeste que alcanzan fuerza 8, y que según la opinión de casi todos los amigos españoles que navegan por estas aguas, son de temer con vientos, fuertes. Hay pocos refugios.


No es el Meltemi, el temible viento del Norte, pero esa mancha de color rojo en las predicciones de viento, no es como para pensar en dejar el barco fondeado o incluso atracado en puertos poco protegidos e ir a dar bucólicos paseos por los montes hasta la Chora o pueblo de la isla.

No renunciamos a ver las Cicladas, pero como cada vez es más firme el propósito de dejar el barco en Grecia este año, vamos a seguir hasta llegar a Turquía, destino de nuestro viaje por el camino más corto.

Y esto nos lleva hasta la costa sur de Ycaria, donde no se puede pensar en acercarse a la costa a fondear, ya que todos los fondos son de piedras y muy profundos y no llevamos un ancla de varillas para estos fondeos.


La costa es descarnada y poco poblada hasta que nos vamos acercando al pequeño puerto de Kirikos.

No hay ningún velero amarrado, por lo que con mucha cautela vamos acercándonos hasta quedar abarloados al único muelle disponible.



Hay una torreta de Agua y Electricidad pero el cartel que dice el número de teléfono al que llamar está puesto de forma que el número está tapado.


El equipo español de fútbol ha perdido contra no se quien y el Griego ha ganado contra no se que otro, pero esto hace que la euforia les lance a ayudarme y en poco tiempo tenemos el tanque del GASOIL a domicilio y alguien que viene con la llave de la torreta

Pensamos quedarnos un día mas y ver la isla mas de cerca alquilando una moto, pero el día siguiente se presenta con un viento que empuja las olas dentro del puerto. Ocho defensas y dos bolones impiden que el viento, que nos aconcha contra el muelle, destroce el casco.

Entra un velero de 36 pies y golpea contra el fondo dos veces, afortunadamente sin mas consecuencias que las manchas que afloran a la superficie pues el fondo es de fango. Les ayudo a atracar amarrados en la punta del espigón y charlamos un poco hasta que nos interrumpe su móvil. Es un inglés que navega con la hermana y una amiga y la llamada (una cada tres horas, según me cuenta) es de su esposa que ha quedado en Inglaterra.


En el pueblo hay varios pequeños supermercados y todo tipo de tiendas. Pero ha cambiado mucho el aspecto de las mismas. Se nota que no están dirigidas a los visitantes, que debe haber pocos, sino a los habitantes locales. Y sofisticaciones, pocas. Eso si los mejores bombones de chocolate con frutas que he comido en mi vida.
Recurrimos a la guía del “Lonely Planet” para recalar en una taberna a comer y encontramos a los ingleses que con un gesto nos indican que no nos quedemos. Nos vamos a otra de carne que figura en la guía en el interior del pueblo y terminamos comiendo en la calle en una mesa coja, mantel de papel que se vuela, y comida mal codimentada. Eso si. Muy barato.

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