martes

03 y 04 mayo 2010.- De Roquetas a Cartagena

El día 3 lo dedicamos a intentar localizar y reparar las averiás en el cableado del palo. Antonio se brinda a subir al palo y Pedro a llevarnos hasta Almería a comprar una antena nueva.


Los “gurús” consultados discuten sobre si para llevar en el palo se necesita mucha ganancia o poca ganancia y yo que empiezo a estar un poco cansado de antenas después de mi experiencia en la Onda Corta voy con la intención de comprar otra igual a la que llevo.

Para terminar de arreglarlo el técnico, que me ofrece la única antena que tiene con tanto cable como 18 metros, me dice que las antenas de un cuarto de onda no tienen ganancia ¿¿¿??? y lo que no tiene, desde luego, es el aspecto de robustez de la que llevo la que el me ofrece. Solución cortar el cable a la altura de la antena, poner uno nuevo con unos conectores que el me facilita.

Hacemos las soldaduras y encintamos con auto-vulcanizable.¡¡¡ pero no probamos la antena!!! solo probamos el cable de anemómetro que está funcionando.

Cenamos en el barco con Antonio y Helena un “gazpacho ilustrado” y un estofado con arándanos y puré de castañas. De postre tarta de queso con grosellas. Tratamos de convencerlos de que naveguen con nosotros este verano. Lo hacemos de corazón, pues son de las mejores personas que conocemos.


El dia 4 salimos de Roquetas a las 7 de la mañana con viento del norte que poco a poco se va poniendo fuerte, llegando a la altura de Cabo de Gata a mas de 35 nudos, que afrontamos con dos rizos y trinqueta.

El barco está ingobernable. Llevamos el toldo puesto y cuando una ola nos hace escorar, el viento que entra de través, actuá sobre el toldo (16 metros cuadrados) y produce un par que hace que el barco salga de orzada, metiendo la regala en el agua.

Intento contactar con Gata Tráfico y no me responden, lo que me hace pensar en que la reparación de la antena no está bien hecha. Me lo confirma el contactar con la emisora portátil.

Nada mas pasar Gata cae el viento y el resto del trayecto hasta Cartagena lo hacemos ayudados por el motor. El viento es terral y cerca de la costa no hay marejada, pero en cuanto te separas el mar se levanta poco amigable.

A lo lejos distinguimos algunos barcos de vela, pero muy, muy lejanos.

A las 12 de la noche, después de jugar al ratón y al gato con unos pesqueros cuyas luces de proa se ven perfectamente por el través (!por los dos traveses¡) entramos en Cartagena donde nos colocan en el muelle Norte, lo que nos costará seis euros mas que en los pantalanes, encima de estar en pleno ruido de la noche ciudadana.

Afortunadamente es noche de martes y la cosa esta completamente parada. Hoy me voy a la cama cansado y dolorido. Aun no tenemos el cuerpo amarinado.

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