martes

09-06-2009 Malta en Bus

Alquilar un coche en Malta supone sentarse al lado de la derecha con la palanca de cambio a la izquierda y circulando por el lado contrario. Y todo en medio de una manada de conductores que van como locos y a su aire.

Todo este caos esta reinado por unos "bichos" naranjas de las mas diversas procedencias de la historia del transporte público.

De la Plaza de los Tritones a la entrada de la fortaleza de La Valletta, salen autobuses a todos los rincones de la isla. Son autobuses particulares. En general el conductor es el dueño y no es raro ver que le acompañen algún familiar, desde la esposa al padre.



Nuestro embajador en Malta, nuestro amigo Jose, del barco Caps III, que lleva aquí varios meses aprendiendo Inglés (hay montañas de academias llenas de españoles a los que Zapatero ha dado becas de 4.000 Euros) nos dijo que cualquier autobus nos llevaba a M`Sida.

Y cogimos el primero que pasaba, el 113. Mi instinto me decía que toda aquella gente de raza negra no podian ser los destinatarios de una marina deportiva, pero aguantamos el tipo de ser los únicos blancos de pié en el autobús. Sirva para compensar en lo posible.

Habiamos cogido el autobús que llevaba a los campos de refugiados en las afueras de Birzebbuga, al sur de la isla. Tiendas de campaña y barracones formaban la colonia de toda esta pobre gente que busca desesperadamente un lugar en nuestro sofisticado mundo.

Un viaje de ida y vuelta nos lleva de nuevo a La Valletta, donde ahora mejor informados montamos en el número 45 que nos lleva al norte, hasta Mellieha, pasando por ciudades como Mosta con su catedral, famosa por su gigantesca cúpula.
Llegada la hora de comer, nos metemos en un restaurante con muy buen aspecto y carta con precios moderados. De nuevo el instinto ha dado resultado. Probamos varias de las especialidades gastronómicas de estas tierras.

  • Bigilla, una pasta hecha con puré de judias y calabaza, aderezadas con comino y ajo.
  • Stuffat tal-laham guiso de falda de cordero con verduras.
  • Brag-joli un relleno dentro de una fina loncha de ternera... Y todo ello sin probar el conejo, rey de estas tierras (el pollo en crudo está a 13 Euros).
Terminamos la comida con un queso Gbegna, de cabra adobado con pimienta y una versión maltesa de los Canoli sicilianos

Con esta carga nos damos un paseo de unos dos kilómetros hasta Anchor Bay, donde hay un decorado que sirvió para rodar la pelicula de Popeye y que se ha conservado como una especie de parque temático

No llegamos a entrar, pues tanto Popeye como Olivia no son santos de nuestra devoción, aunque con el tiempo si he llegado a comer espinacas.

La vuelta nos conduce a Silema, donde están los hoteles modernos. Otro largo paseo nos lleva hasta una parada del Autobus 62 que nos deja cerca del pantalán.

Una ducha y una ensalada de los deliciosos tomates de la isla (mejores que los raf y a solo 1,20 €/kg) y a descansar. Hemos caminado unos 22 kilómetros

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