martes

24-06.- SANTA MARIA DE LEUCA.

A las seis de la mañana, cuando nos despertamos, somos los últimos que quedamos en el muelle, Hay por delante 70 millas en línea recta cruzando el golfo de Taranto.

Con el viento desde un descuartelar, hasta el través y toda la mayor y el Génova con sus primeras vueltas (es demasiado grande, un 150 J) y los 15/16 nudos, me dedico a hacer caza de los barcos que han salido primero, Uno tras otro van siendo cazados y pasados por barlovento, virtualmente cañoneados, pues son de pabellón extranjero y así me lo permite la patente de corso que me acompaña.

Solo uno trata de impedir la deshonra de ser pasado y presenta batalla, horzando hasta casi ceñir. En recuerdo de mis épocas regateras, me acerco a su popa muy, muy mucho… y le hago la maniobra que aprendí del libro de Tacticas de Regata de Manfred Carry, ese viejo libro tan moderno.

El pobre competidor, no entiende como le he pasado por sotavento, abandona la lucha después de recibir la descarga virtual de todas mis baterías de babor y un rugido que me ha salido del alma.

El viento se mantiene hasta casi cinco millas de Leuca.

Comentando luego con otros barcos, la mayoría ha efectuado la travesía con el motor puesto. Les molestaba la escora. Para mi es una gozada haber hecho 65 millas en poco menos de 10 horas en el mismo bordo.

Al llegar a Leuca nos encontramos con un pueblecito que solo hace unos días ha recibido al Papa y que está todo limpio. Hay un montón de palacios de verano del siglo XIX y anteriores.

Al fondo del puerto hay una escalinata que mando tallar Musolini para algo que … como decía un amigo mio “se me la porta fluxa”.

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