domingo

15-06.- ESTA FOTO NO SE SACARLA.-

Está cayendo la tarde y estamos fondeados, completamente solos, en una cala del sur de la isla de Favignana, en el archipiélago de las Egadi, al noroeste de Sicilia.

Después de 1023 millas recorridas y muchos días de puerto y lluvias podemos decir que hemos llegado, que por fin estamos en terreno desconocido y que aquí empieza la auténtica aventura.
Y cuando llega el momento, no sé cómo se saca esta foto. No sé cómo encuadrarla ni a qué velocidad dispararla. Así que cerrar los ojos y dejar que mis torpes palabras os aproximen a este lugar.

El mar esta completamente en calma, y es como un gran espejo donde todo se refleja y hace que todo sea por duplicado. La gran mole de una colina donde se eleva un antiguo castillo de los muchos construidos por la corona de Aragón, no permite ver la puesta de sol, pero los reflejos rojos sobre las nubes sobresalen por todas partes.

A los pies de esta colina hay un muy pequeño puerto pesquero donde flotan varias barcas de no más de cinco metros. A falta de farolas, se han encendido unas luces en las esquinas de algunas casas, desprovistas de cualquier adorno, que me traen como recuerdo paisajes de cuando era niño, en mi pueblo, hace ¡tantos años!

Por la otra banda, hacia el Este, a unas 8 millas, se ven las luces de una ciudad costera, Marsalla, donde se adivina todo el bullicio de una ciudad de vacaciones del Mediterráneo, y que con la distancia acentúa la sensación de paz y quietud que este sitio transmite.

En el medio, la luna en cuarto creciente, casi a punto de llenarse, riela sobre el mar, trazando un camino de plata que llama a ser seguido con una voz que toca fibras desconocidas de nuestro ser.
¿Cuántos navegantes no habrán sucumbido a la llamada de este camino?
En mi paisaje se limita a establecer una línea entre la costa, abarrotada y sofisticada, en la que vivo casi siempre y la isla vacía y natural, a donde he llegado.

No hace falta que os diga por donde van mis divagaciones, deben ser obvias.
En la radio del barco suena una versión del clásico de los Beatles, Eleonor Rigby, interpretada por Caetano Veloso, en dulce ritmo se bossa nova.

Una copa de cristal para un Coto de Imaz del 2001 reserva del Rótary Club en una mano y en la otra la de mi compañera y amiga, mi esposa.

De la costa llega un olor a algas y a mar. De este mar de aguas limpias y transparentes donde cientos de pececitos tratan de comer las cascaras de queso de Mahón que les vamos tirando.

Y cuando el sol se oculta del todo, una gran algarabía de gritos de gaviotas se levanta, como protestando de la falta de luz. Nunca había experimentado esto. Es como en Ibiza, en el Café del Mar, cuando se hunde el sol en el horizonte. ¿Estaremos emparentados genéticamente con ellas?. Al menos conozco una que se llama Juan. Juan Salvador Gaviota para más señas.

Y ahora decirme ¿Cómo se saca esta foto?

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